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El mundo está en llamas

Por: @jdecigarettes

No vengas a decirme cómo vivir la vida si jamás has sentido el dolor…

¿Cuáles creen que sean las posibilidades de que un hombre en sus sesentas comience una carrera musical exitosa y que su primer álbum de estudio lo lleve a tocar en festivales tan importantes como Glastonbury o Austin City Limits?

¿Qué posibilidades existen de que un imitador de James Brown triunfe en un mundo hambriento de música pegajosa y plana? Sí, las estadísticas están en contra. Más aun tomando en cuenta que ese hombre vivía, hasta hace no muchos años, de la asistencia pública y de presentaciones en tugurios oscuros y sucios de Nueva York; que dormía entre papel periódico y mantas sin lavar en el desván de su madre vieja y enferma.

De repente, y por la gracia divina, Charles Bradley surgió aparentemente de la nada para conquistar el corazón de los amantes del soul y el funk.

El más agradecido es él. En verdad, vivía en una situación deplorable, listo para enfrentar el día con pocos recursos económicos e intelectuales. ¿Qué podría ofrecerle el mundo a un negro analfabeta sexagenario? Pues resulta que todo. Su ópera prima No time for dreaming es el triunfante resultado de una vida de trabajo y muchas casualidades afortunadas.

Cada track devela de a poco, pedazos del alma adolorida y también llena de amor de Bradley. I believe in your love, canta a todo pulmón.

La Menaham Street Band enmarca, acompaña y musicaliza deliciosamente sus historias; ensalza y embellece las emociones de un hombre que ha pasado por todo, absolutamente todo, que ha perdido más de lo que había ganado y que simplemente esperaba que llegara Dios a llevárselo… Es por ello que cada nota transmite desesperación, tristeza y muchísima esperanza: es soul puro.

En una pintura que está llena de relleno insensible, Charles encuentra la manera de ofrecernos luces y sombras que convierten a la vida en una por la que vale la pena luchar. Nos hace regresar a la regla de oro, como él lallama: El amor.

Charles Bradley es la epítome de la Cenicienta moderna, de que si chambeas con toda tu alma y haces aquello que verdaderamente amas, encontrarás respuestas y llegarás lejos, bien lejos, hasta donde tus sueños te lo permitan, sólo hay que tener paciencia. Lo que él busca es: “vivir dignamente y compartir amor con el mundo”.

Tanto que habrían de aprenderle los jovencillos de treintaytantos que se quejan y quejan de las injusticias del destino nomás porque no se compraron la playera oficial del concierto.

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